Inversión - Mezquitas en la nubes.

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 Este artículo trata de la suerte, disfrazada y percibida como no suerte, (es decir, como habilidad) y, en general, del azar disfrazado y percibido como no azar (es decir, como determinismo). Se manifiesta en la forma del Tonto con Suerte, definido como una persona que se beneficia de una parte desproporcionada de suerte, pero atribuye su éxito a otra razón, por lo general muy precisa. Esta confusión surge en las áreas más inesperadas, incluso la ciencia, pero no de forma tan acentuada y evidente como en el mundo de los negocios. Es común en la política, como se puede ver en la forma del discurso de un país sobre los puestos de trabajo que “él” ha creado, “su” recuperación y la inflación de “su” predecesor. 

Seguimos muy cerca de nuestros antepasados que recorrían la sabana. Y la formación de nuestras creencias está llena de supersticiones, incluso hoy (especialmente hoy). De la misma manera que un día un hombre de una tribu se rascó la nariz, vio llover, y desarrolló un método elaborado para rascarse la nariz y atraer la muy necesitada lluvia. Relacionamos la prosperidad económica con algún tipo de recorte de tipo de interés de la Reserva Federal, o el éxito de una empresa con el nombramiento de un nuevo presidente que tome el mando.

El simbolismo es el hijo de nuestra incapacidad y nuestra falta de voluntad para aceptar el azar; otorgamos significado a cualquier cosa, vemos figuras humanas en manchas de tinta, hemos visto mezquitas en las nubes, afirmó Arthur Rimbaud, el poeta simbólico de la Francia decimonónica. La vida intelectual europea desarrolló lo que parece un gusto irreversible por el simbolismo; todavía estamos pagando el precio con el psicoanálisis y otras modas.   

En términos más generales, subestimamos el poder del azar en casi todo; los agentes económicos que asumen riesgos son más bien víctimas de ilusiones (que llevan a un exceso de optimismo y de confianza porque subestimas los posibles resultados adversos)  y no lo contrario. Su aceptación de riesgos suele ser una estupidez aleatoria. Hemos estado leyendo largos y complejos mensajes sobre cualquier manifestación de la naturaleza que presente irregularidades (como interpretar los mensajes en la palma de la mano, los residuos en el fondo de una taza de café, etcétera). 



Sin embargo, por interesantes que puedan ser estas cuestiones, su análisis sería una tarea inmensa. Hay un mundo en el que creo que la costumbre de confundir la suerte por las habilidades es muy predominante, y muy llamativa, como el de los mercados financieros. Porque es el campo de la actividad humana donde hay más confusión y donde sus efectos son más perniciosos. Por ejemplo, solemos tener la errónea impresión de que una estrategia es una excelente estrategia, o que un empresario es una persona dotada con una visión, o que un trader es un operador con mucho talento, solo para darnos cuenta de que en el 99,9% de las ocasiones, su rendimiento anterior es atribuible a la suerte,  y solo a la suerte. Pregunte a un inversor de éxito, que explique las razones de su éxito; ofrecerá una profunda y convincente interpretación de los resultados. Con frecuencia, estas ilusiones están intencionadas y merecen ser descritas como “charlatanería”.

Puede que disfrutemos presentando conjeturas, como verdades. Es nuestra naturaleza. Nuestra mente no está equipada con la maquinaria adecuada para tratar con probabilidades; esta dolencia incluso afecta al experto y, a veces, solo al experto.

Todo el mundo quiere tener suerte en la vida. Pero, ¿qué hace que algunos tengan más éxito que otros?



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