Cuando vemos a un hombre que persiste en ponerse botas para la nieve, guantes, una chaqueta de lana gruesa, y una gorra para esquiar en un cálido día de verano, sabemos que estamos viendo a alguien que ha sucumbido a creencias falsas. Él debe haber creído que iba a estar frío y húmedo afuera, pero estaba equivocado. Si fuéramos psicólogos podríamos atribuir su comportamiento a una disfunción en la separación de la realidad de la creencia. Los niños muy pequeños tienen un problema similar para diferenciar entre las dos. Sin embargo, a la edad de 10 o 11 años, pueden identificar las fantasías de la realidad, excepto por los niños autistas, que se comportan de manera consistente con la realidad.
Es sorprendente ver una persona que no solo ha mantenido sus falsas creencias durante toda su vida laboral, pero que también ha ridiculizado constantemente a otras personas que no comparten sus creencias. Todos conocemos a personas que no confían en la lógica y que se aferran desafiantemente a los prejuicios y errores del pensamiento frente evidencias indiscutibles de lo contrario. La tendencia de aferrarse a acreencias claramente ilógicas es tema de toda una, linea de estudio en la psicología. Una de las grandes aportaciones del Psicólogo Leon Festinger es la teoría de la disonancia cognitiva. Festinger catalogo técnicas de racionalización que las personas usan para preservar su autoestima cuando los hechos van encontrá de sus creencias. La teoría se desarrolló como resultado del famoso estudio de Festinger sobre un culto apocalíptico, relatado en su libro Cuando la profecía falla de 1956.
Junto con dos colegas, Festinger se infiltró en un pequeño grupo de creyentes dirigido por María Keech, una mujer del medio oeste que afirmaba estar escuchando mensajes del espacio exterior. Keech creía que una inundación destruiría al mundo, pero que los platillos voladores la llevarían a ella y a sus seguidores a salvo al planeta Clarion antes de que comenzara la devastación.
Los seguidores de Keech renunciaron a sus trabajos y se deshicieron de su dinero, casas, posiciones y en algunos casos, sus cónyuges, a la espera del día del rescate. Una noche Keech, recibió un mensaje del planeta Clairo, decía que los platillos voladores llegarían a la media noche del 21 de diciembre. En la noche del 20 de diciembre sus seguidores se reunieron en la sala de Keech. El momento trascurría en un silencio absoluto, y nadie tenía idea de que hacer. Por fin a las 4:45 a.m. El rostro de Keech se iluminó, ella declaró que acababa de saber de planeta Clairon y que el mundo se había salvado por la fe del pequeño grupo de creyentes. Hasta entonces el grupo había evitado la publicidad y no había buscado nuevos reclutas, pero después de esa noche, llamaron a los medios de comunicación y repartieron folletos en las esquinas que describían como habían salvado al mundo a través de su pureza, oraciones y firme fe.
Cuando los hechos y las creencias entran en evidente disonancia, la respuesta lógica es ajustar las creencias. Si la disonancia ocurre en un grupo que predica el fin del mundo, en la sala de justas corporativa o la sala de operaciones bursátiles, la autoestima a menudo se interpone en el camino y el ajuste no siempre ocurre. Para María Keech y sus seguidores, el conflicto interno no resuelto era tan grande que la mera racionalización no aliviaría la incomodidad, se requeriría de la afirmación de los demás para aliviar la vergüenza de haber actuado tontamente.
Esta investigación encubierta esta mal vista hoy en día, y desde el estudio de Festiger la investigación en disonancia cognitiva, pensamiento grupal y fenómenos racionales similares han consistido principalmente en ofrecer consejos después de que los eventos han sucedido y experimentos artificiales que involucran a estudiantes universitarios. Lo notable sobre las columnas de Alan Abelson es que proporcionan estudios de casos reales de disonancia cognitiva que involucran billones de dólares de riqueza perdida y la reputación de poderosas firmas de Wall Street.
Como señalo Festiger, el intento de mantener la coherencia en nuestras creencias y la autoestima da lugar a un comportamiento inadecuado. Como cuando te has ido lejos y fuera de lo que es lógico, y tanta gente te ha seguido y hay mucho en juego, como dirían los economistas, "es difícil admitir que se ha equivocado". Precisamente por eso se desarrolló el método científico, para que la gente como, Científicos, Traders, líderes de cultos apocalípticos o destacado columnista financieros, puedan ajustar sus creencias basándose en una retroalimentación constante entre hipótesis y evidencia.
A lo largo de la década de 1990, mientras el Down y SP500 se quintuplicaron y el Nasdaq disfruto de ganancias de nueve veces. Algunos periodistas predijeron el colapso eminente basado en una o más de los siguientes creencias; Precios sobre extendidos, altos ratios precio/ganancia, pesimismo débil, optimismo débil, fuerte optimismo, gran interés, inflación por los tipos de interés bajos, dólar débil, extravagancia fiscal, los generosos salarios pagados a las niñeras de Greenwich, etc. etc. El ajuste proporcionado por el método científico seguramente no estaba ocurriendo,
